| |
Instituto De Estudios Turolenses:
Entidad: Villa
Comarca: Maestrazgo
Habitantes: 144
Altitud: 993 m
Distancia a la capital: 113,5 km
Esta villa turística del Maestrazgo turolense, homenajeada por Pío
Baroja en su novela La venta de Mirambel, se sitúa sobre un resalte
rocoso junto al río Cantavieja. Este curso fluvial proviene de la
parte meridional, en donde recibe un gran aporte de afluentes (Mas
del Arco, río Tornos), todos ellos profundizando fuertemente en los
materiales calizos y margosos del Cretácico inferior, al atravesar
los relieves de plataformas de las sierras de San Cristóbal,
Aliento, al oeste del pueblo, y del Cabezo y Coroneta, en el este de
Mirambel, formando la divisoria con el barranco de la Gazulla y el
río de La Cuba. Escasean los enclaves forestales, ya que el
aprovechamiento agropastoril ha provocado el dominio de las
formaciones de pastizal presididas por el lastón y la aliaga.
De notable interés son algunos de los hallazgos arqueológicos que
hasta la fecha se han producido en su término municipal, en especial
los poblados ibéricos de El Puntal y el del Castellar de Mas de
Dalmau.
Su historia, como la de toda la comarca, estuvo ligada a las órdenes
militares. Tras ser concedida en un primer momento al Santo
Redentor, fue luego jurisdicción de los templarios y formó parte de
la encomienda de Cantavieja. En 1243 el Temple le otorgó carta de
población y en 1299 recibió del rey el privilegio de celebrar un
mercado semanal. Durante las guerras carlistas acogió las oficinas
administrativas del pequeño “estado” organizado por el general
carlista Ramón Cabrera en el Maestrazgo. En 1982 fue galardonada con
la medalla de oro de la organización “Europa Nostra”, por las tareas
de embellecimiento y restauración llevadas a cabo entre 1976 y 1980
gracias a la Dirección General de Arquitectura y Vivienda del MOPU.
Mirambel conserva gran parte de sus murallas medievales, si bien la
mayor parte de éstas quedan semiocultas por casas adosadas. Resultan
claramente visibles en varios trechos y son, junto con las de
Mosqueruela, las más interesantes y mejor conservadas de las
serranías orientales de Teruel. Los lienzos situados al norte y al
este se conservan prácticamente íntegros, sin añadidos posteriores,
mientras que en la mayor parte del lienzo meridional se apoya una
línea de edificación. El lienzo occidental es el que ha sufrido un
mayor grado de transformación. Al parecer fueron iniciadas por los
templarios y concluidas por los sanjuanistas, construyéndose en su
mayor parte entre los siglos XIII y XIV. Tuvo al menos cinco torres,
de las que se conservan cuatro: dos de planta circular en la parte
norte (una junto al portal de San Valero y otra encima del portal de
las Monjas) y dos en las Eras o calle del Ángel, una de planta
cuadrada y otra circular.
También se conservan cinco portales. El portal de las Monjas (o de
Santa Catalina) está situado delante de la plaza dedicada a Sor
Consuelo Roca y a partir de él se inicia la calle Mayor, bajo un
arco de medio punto (extramuros) y otro apuntado (intramuros). En la
parte interna de esta construcción se ve una bella celosía de
tradición mudéjar, bajo la cual se dispone un gran vano adintelado,
correspondiente a la capilla abierta de Santo Tomás. En el portal
del Estudio, situado junto a la casa Masa, concluye la calle Mayor.
Hacia el exterior presenta un gran arco apuntado de sillería,
mientras que intramuros está definido por un arco rebajado. Una gran
ventana con celosía oculta la capilla dedicada a la Natividad de la
Virgen. El portal de la Fuente forma parte del conjunto de la plaza
Mayor, situándose junto a la casa Zurita. Presenta un arco de medio
punto hacia el exterior y otro rebajado en el interior. El portal de
San Roque está abierto en el lienzo sur de la muralla. Hacia el
exterior presenta un arco de medio punto de sillería e intramuros,
un arco rebajado. El portal de San Valero se localiza en el lienzo
nordeste de la muralla y está inscrito en un cubo prismático de
planta cuadrada. Como los portales anteriores, presenta arco de
medio punto hacia el exterior y rebajado en el interior.
Otra interesante construcción medieval de Mirambel fue su
casa-castillo, construida al parecer por los templarios, aunque más
tarde fuera ocupada por los sanjuanistas. Desgraciadamente, fue
demolida para vender su madera y actualmente sólo se conservan
restos de sus muros, construidos con mampostería y sillares en sus
esquinas, y varios arcos semiocultos bajo los escombros. En él se
alojaba Cabrera cuando acudía a Mirambel. Además, durante los años
del carlismo se establecieron en él las oficinas de la Imprenta Real
y del papel sellado.
La plaza de la Iglesia constituye un conjunto de gran interés y
belleza. En ella se alojan algunos de los edificios de mayor encanto
de la población, como la iglesia parroquial de Santa Margarita. Se
sabe que ya en 1308 Jaime II autorizó que se dedicaran las primicias
a la reparación de su iglesia, que fue reedificada o reformada más
tarde, en 1423. Finalmente, en 1679, ante la amenaza de ruina del
edificio, se acordó volver a reedificarlo completamente en el mismo
solar que la iglesia anterior, pero ampliándose hacia el cementerio
viejo y hacia las calles que la rodeaban. En su decoración
intervinieron los pintores José Gisbert, de Vinaroz, Gaspar Pérez y
Ramón Urquinzu, además de los escultores Miguel y Ramón Ferrer. El
templo, no obstante, tuvo que ser reparado tras quedar prácticamente
destruido en 1837, cuando los isabelinos se refugiaron en la iglesia
y el cabecilla carlista conocido como El Serrador mandó incendiarla,
lo que supuso que sólo se salvaran las paredes y la torre, en cuya
portada todavía se conservan las huellas de las llamas. Las obras de
reconstrucción concluyeron en 1843, bajo la dirección del arquitecto
valenciano Salvador Minero. El retablo mayor fue traído de la
iglesia de San Agustín de Morella, mientras el pintor valenciano
Francisco Guillén quedó encargado de la realización del lienzo
dedicado a El Salvador. Varios miembros de la familia Ferrer,
conocidos escultores, intervinieron en los altares, imágenes y la
actual sillería del coro. Las pinturas murales fueron obra de Pedro
Urquizu Veser. En cualquier caso, la mayor parte de las obras que
contenía este templo no sobrevivió al desmantelamiento de 1936.
Desapareció toda la imaginería realizada por Ramón Ferrer, así como
el cáliz que donó la reina Isabel II. Sí se salvó la sillería del
coro y una valiosa casulla, salida de los afamados talleres de Lyon,
que regaló para su parroquial natal fray Tomás Aragnad, mercedario.
Pudo reconstruirse el retablo del altar mayor, realizado por José
Colell, para lo cual se usaron buena parte de los elementos del
anterior.
La iglesia parroquial de Santa Margarita es una edificación
realizada con mampostería y buenos sillares. Tiene planta
rectangular, dividida en una nave central cubierta con bóveda vaída
y capillas laterales. El crucero presenta una cúpula vaída, cuyo
intradós se decora con casetones y sus pechinas con los cuatro
evangelistas. Tiene coro alto a los pies, dispuesto sobre un arco
rebajado. La torre, a los pies, en el lado del evangelio, está
realizada en su totalidad con grandes sillares y en ella se
distinguen tres cuerpos además de un pequeño remate. Los dos
primeros cuerpos son de planta cuadrada y el superior es octogonal.
La portada está definida por el acceso en arco de medio punto,
flanqueado por dos columnas sobre las que descansa un gran
entablamento y un frontón triangular partido, interrumpido por una
pequeña hornacina, a su vez coronada por un pequeño frontón curvo
partido.
Frente a la iglesia parroquial se encuentra la casa consistorial.
Este edificio se realizó en el siglo XVI, en sustitución de las
“casas del lugar” medievales, en pie todavía en 1472. En la fachada
principal de este edificio se conserva la fecha de 1583, que
probablemente hace referencia al final de su construcción. Realizada
en mampostería y piedra sillar, tiene planta cuadrangular y
techumbres adinteladas. Su fachada principal se articula en dos
plantas o cuerpos. En el primer cuerpo se abren dos grandes arcos de
medio punto que descansan sobre columnas y medias columnas de orden
dórico, dando paso a la lonja que ocupa la mayor parte de la planta
baja del edificio. En el segundo cuerpo se abren tres sencillas
ventanas adinteladas con bellos alféizares volados realizados en
piedra. Corona esta fachada un magnífico alero de madera decorado
con casetones, rosetones y bellas ménsulas labradas. También es
interesante la fachada lateral izquierda de este edificio. La zona
de la derecha es una continuación de la fachada principal, con la
que forma ángulo. En su primer piso se abre un gran arco de medio
punto que permite el acceso a la lonja, y en su segundo piso una
ventana adintelada con alféizar volado de piedra. En la zona de la
izquierda se disponen una sencilla puerta y una ventana adintelada.
Interiormente este edificio se estructura en dos plantas,
distribuidas originalmente en tres crujías paralelas a la fachada
principal. La planta baja se reformó en el siglo XVIII, con el fin
de ubicar en parte de ella las cárceles de la villa. Se mantuvo,
pues, la lonja en la crujía delantera, transformándose la central y
la posterior en 1778, año que se ve inscrito en el dintel de la
puerta principal. Sobre la planta principal, en cuya crujía
delantera se ubica el salón de sesiones, se dispone una pequeña
planta falsa.
Próxima a la casa consistorial, frente al templo parroquial, se
eleva la casa Zurita, donde supuestamente se hospedó el aspirante al
trono D. Carlos V en 1837, en su estancia motivada por la primera
guerra carlista. En el ángulo que da a la cuesta del portal de la
Fuente se ve un curioso reloj de sol, formado por una piedra en
forma de media luna. Bajo él estaba el Pellerich, piedra donde se
ataba a los acusados de un delito público.
La casa Pastor está al lado de la iglesia parroquial, de la cual
está separada por un estrecho callejón llamado el Callizo Oscuro.
Fue construida por los infanzones de Uncastillo. En realidad se
trata de un conjunto de varias edificaciones. La primera, que da a
la plaza de la Iglesia, fue donada a la parroquia por D. José
Gazulla Escorihuela, siendo en la actualidad casa parroquial. La
segunda, donde se alojaron D. Alfonso y D.ª Blanca durante la guerra
carlista de 1872; y la tercera, ya posterior a las anteriores.
En el portal de las Monjas se inicia la calle Mayor. En el centro de
esta calle, aproximadamente, se eleva la casa de los Julianes (o de
Gorreta), un edificio señorial con fachada de piedra, portada en
arco de medio punto, ventanas adinteladas, galería superior definida
por vanos en arco de medio punto y alero volado de madera. Junto al
portal del Estudio, en el que concluye la calle Mayor, está situada
la casa de Lasota (o casa Masas), antiguo cuartel de la Guardia
Civil en el siglo pasado, y en éste ha sido posada y café.
Otro conjunto de interés es la calle Remolinos, donde se localizan
dos casas que, a pesar de pasar prácticamente inadvertidas en el
exterior, tienen gran interés. La primera de ellas es la casa del
Bínculo (hoy de Mas de Gorreta), donde destaca un precioso patio de
entrada, pavimentado con pequeños cantos rodados. La segunda,
conocida como la casa de los Boiles (casa Costeras), conserva en una
habitación del primer piso (solanar) un interesante conjunto de
pinturas de principios del siglo XVII, basadas únicamente en trazos
de color negro. En ellas se pueden distinguir claramente tres ciclos
del Antiguo Testamento, alusivos a Sansón, José en Egipto y a varios
reyes de Israel.
Otro conjunto interesante es el de la plaza de Aliaga, dedicada en
la actualidad a D. Nicolás Ferrer y Julve. Está formada por algunos
ejemplos de la mejor arquitectura del Maestrazgo. Entre ellos
destaca la casa de Aliaga y la casa de Castellot. Las dos tienen
características similares: acceso con gran arco de medio punto,
ventanas adinteladas con alféizares de piedra, la típica galería
aragonesa y volado alero de madera.
Ha de citarse también la plazuela de las Cuatro Esquinas, con la
antigua carnicería.
A excepción de las casas palaciegas y otras edificaciones
importantes, el caserío está compuesto por pequeñas construcciones
de mampostería, adobe y madera, en las que se presta especial
atención a ciertos elementos, como los aleros, rejas y carpinterías.
El convento de las Agustinas está situado junto al portal de las
Monjas, en la pequeña plaza de Sor Consuelo Roca. Fue fundado en
época de Felipe II, concretamente en 1564. La villa les cedió en
usufructo la ermita o iglesia de Santa Catalina, su hospital anejo y
otros solares próximos, y en 1789 el dominio directo sobre el
convento e iglesia. Esta iglesia es de una sola nave, con capillas
poco profundas en sus laterales. Su bóveda tiene lunetos, pero sus
cuatro tramos están delimitados por arcos apuntados. Se reedificó en
1831, tras ser destruida en la guerra de Independencia, y de la
época de su fundación conserva la actual sacristía. Este espacio
está cubierto con bóveda de crucería estrellada y ocupa la parte
inferior del torreón circular que defiende el portal de las Monjas.
Fuera del propio casco urbano, delimitado por las antiguas murallas,
se construyeron numerosas ermitas que se convirtieron en importantes
centros de devoción popular. Así, a poca distancia del portal de San
Roque se encuentra la ermita de San Roque. Parece ser que se inició
en 1690 y se concluyó en 1697. El edificio, construido en
mampostería y piedra sillar, posee planta rectangular de una sola
nave cubierta con bóveda de cañón y lunetos. En la zona de los pies
se desarrolla un gran pórtico, abierto en sus tres lados por medio
de amplios arcos de medio punto. El interior está decorado con
esgrafiado y en el presbiterio se conserva un retablo dieciochesco
con columnas salomónicas, datado en 1799, pero reformado
posteriormente.
La ermita de la Virgen del Pilar está situada aproximadamente a 1 km
de la población, cerca de la ermita de San Roque. Se trata de una
pequeña y sencilla edificación barroca, realizada en mampostería.
Tiene una sola nave, cubierta con bóveda de arista. Está precedida
por un amplio pórtico adintelado, en cuyo frente se disponen dos
altos pilares octogonales. Su interior acoge un sencillo retablo con
la imagen de la Virgen del Pilar.
A 3 km aproximadamente de la población, en dirección a Cantavieja,
se encuentra la ermita o santuario de San Martín, patrón del pueblo.
Aunque su origen puede remontar al tiempo de los templarios, la
construcción que hoy se conserva es posterior, como permite pensar
la fecha de 1608 conservada en la casa adjunta a la ermita. Este
templo, construido en mampostería y con piedra sillar, tiene tres
naves, crucero alineado y coro alto a los pies. La nave central y
los brazos de la nave crucero se cubren con bóveda de cañón con
lunetos, mientras las naves laterales lo hacen con bóvedas vaídas y
el crucero con una gran cúpula sobre pechinas. El interior está
decorado con estucos dieciochescos, destacando las cuatro figuras de
los evangelistas de las pechinas de su gran cúpula. Contiene varios
e interesantes retablos, como el conservado en el lado de la
epístola, probablemente de la primera mitad del siglo XVI. Los
restantes son del siglo XVIII. Afortunadamente no sufrió ningún daño
durante la última guerra civil.
Poco antes de llegar a la ermita de San Martín se encuentra la
ermita de San Martinico, una sencilla y pequeña edificación de
planta rectangular con una sola nave, acceso definido por un gran
vano adintelado y tejado a dos aguas.
La ermita de San Cristóbal está situada en lo alto del monte del
mismo nombre. Tiene planta rectangular, muy alargada, cubierta con
tejado a dos aguas. Su frente está rematado por una sencilla
espadaña. Una tabla, resto de alguno de los retablos de este templo,
se guarda en el Museo Diocesano de Teruel.
La ermita de San José se encuentra a 3 km de la población, en
dirección a Morella, concretamente en la Masía y Puente Vallés. Un
portal une la ermita con la masía y bajo él pasa el camino que
conduce a La Mata. Es una edificación sencilla, realizada
básicamente en mampostería. Tiene planta rectangular y su tramo
central se cubre con cúpula sobre pechinas. Su interior está
decorado con motivos en estuco con temas de cabecitas de ángeles,
guirnaldas en las que se incluyen racimos de uva, etc.
Finalmente, cabe mencionar la ermita de Santa Ana, la más distante
del pueblo. A ella se accede tras recorrer aproximadamente 4 km de
carretera y otros tantos de pista en dirección a Cantavieja. Está
incluida en la masía del mismo nombre, cerca del término de Portell.
A su fiesta, que se celebra el 15 de mayo, acuden romeros de
Mirambel, Cantavieja y La Cuba.
Las fiestas patronales en honor de San Lamberto y San Roque se
celebran a mediados de agosto, con toro embolado y baile del rolde.
“Correr” el toro por las calles de noche y con dos bolas encendidas
en sus astas es un festejo imprescindible de gran tradición en la
comarca.
Dentro del calendario festivo, la devoción a San Antonio Abad tiene
en Mirambel una celebración peculiar que comparte con otros pueblos
del Maestrazgo castellonense: la Sanantonada. Consiste en la
representación teatral de la vida y tentaciones del santo llevada a
cabo por los vecinos, en la que se añaden improvisaciones irónicas
sobre los sucesos más destacados de la actualidad local. La noche
del 16 de enero se organiza la cabalgata que recorre las calles
convocando a las gentes a presenciar la obra. Está encabezada por el
tedero, el pendón de la cofradía y el santo, y tras ellos desfilan
algunos personajes de la representación (el ángel, el payaso, el
señorito), el sacerdote, el prior, los mayorales, las autoridades,
los músicos y por último los jinetes sobre caballerías ricamente
enjaezadas. Los otros personajes, Lucifer, Luzbel, los demonios, el
Zagal y la Agostera, van corriendo por delante. La representación
tiene lugar en la plaza de la Aliaga, donde se escenifican las
tentaciones de San Antón por el diablo, su resistencia y su
posterior retirada a una cabaña de troncos y ramas, llamada
“barraca”, a la que los demonios prenden fuego. Mientras arde la
hoguera, los jinetes giran a su alrededor en un concurso que gana
quien más se acerca al fuego. Este teatro popular en honor al santo
protector de los animales domésticos incluye la devoción cristiana a
San Antón y el rito pagano del fuego, ambos propiciadores de la
fecundidad, ganadera y agraria, decisivas en las sociedades rurales.
El dulce propio del día de la fiesta es la torta de alma, elaborada
a base de una pasta con harina, aceite, aguardiente, azúcar y un
relleno de calabaza y miel. Además de consumirse en casa se reparte
entre los jinetes de la comitiva.
El pueblo acude a varias romerías: el 1 de mayo a la ermita de San
Cristóbal; el primer lunes del mismo mes a Nuestra Señora de la
Carrasca, en Bordón, junto con Tronchón, Olocau y el propio Bordón;
el 16 de mayo a Santa Ana, con Cantavieja y La Cuba, y el 23 de
abril, para celebrar San Jorge, y el 11 de noviembre a San Martín.
BIBLIOGRAFÍA
ALTABA ESCORIHUELA, J. (1987).
ALTABA ESCORIHUELA, J. (1988).
BENITO MARTÍN, F. (1991).
DELLA ROCCA, G. y MONCLÚS, J. (1981).
DELLA ROCCA, G. (1982).
GUITART APARICIO, C. (1987).
MADOZ, P. (1845-1850).
SEBASTIÁN LÓPEZ, S. (1969), pp. 63-69.
SEBASTIÁN LÓPEZ, S. (1974). |